En este documental una locutora de radio pretende mostrar navegando en internet las páginas Pro-Ana y Pro-Mia, intentando hacer dietas estrictas asemejando las que hacen las personas que sufren estos trastornos y visitando tanto a familiares de enfermas, concretamente de una adolescente fallecida en 2006 como una de las encargadas del famoso blog.

Problemas de Peso: El Club de las Anoréxicas

Kate Moss, Victoria Beckham, Calista Flockhart o Paris Hilton son utilizadas como ejemplo por los miembros del movimiento pro anorexia, un fenómeno que glorifica y celebra el culto a la delgadez. Los miembros de este movimiento secreto se comunican a través de sitios webs y foros. En estas páginas de internet Pro-Ana la anorexia se considera una elección de estilo de vida y no una enfermedad grave ni un desorden alimenticio. Muchas de estas webs animan al comportamiento anoréxico con consejos, recomendaciones y trucos para acelerar la pérdida extremada de peso.

Problemas de Peso: El Club de las Anoréxicas sirve para ver como realmente una persona se va introduciendo sin darse cuenta en la enfermedad visitando páginas de este tipo y haciendo dietas sin sentido, actos que a veces se ponen en manos expertas a tiempo y otras llevan a la muerte.

2 comentarios
  1. Adolfo cabañero
    Adolfo cabañero Dice:

    Adolfo Cabañero, psicopedagogo y profesor de yoga

    Psicologuillos y psiquiatrillas

    En toda actividad laboral hay malos profesionales, no iba a ser menos en el campo psicológico, sin embargo, no es sobre deficiencias profesionales de lo que me voy a ocupar, voy a hacerlo, sobre aquellos otros que teniendo capacidad, deciden dejarla de lado para sacar un beneficio, me estoy refiriendo a profesionales que actúan más en su interés que en el de sus clientes.
    Como han podido comprobar, el título resulta ofensivo, claro que, si me estoy refiriendo a malos profesionales a quienes no les interesa la salud de sus clientes, ni tampoco el mal que terminan haciendo a la sociedad, entonces, ya no sería una ofensa, sería una definición.

    Evidencias
    Cuando una persona recurre al psicólogo o psiquiatra, es porque algo en su comportamiento no funciona como debería, esto les hace daño y buscan ayuda profesional. Hay muchos casos para recurrir al psicólogo, pero, el que ahora nos interesa es el relacionado con el propio carácter. Muchas personas tienen un comportamiento hacia los demás negativo, como la violencia, la irresponsabilidad, malas conductas, etc. Pues bien, en toda terapia llega un momento en el cual, el psicólogo o psiquiatra debe enfrentar a su cliente con la verdad, es decir, sacarlo del autoengaño en el que se ha metido para intentar evitar la propia conciencia. Este momento es peligroso, pues, coloca al cliente en la disyuntiva de aceptar lo que le dice el psicólogo y en consecuencia reconocer que no es todo culpa de los demás, o bien, seguir manteniendo su postura. Claro que, si se decanta por lo último, dejará de ir a consulta y es precisamente aquí, donde la codicia de algunos aparece, desvirtuando esa verdad o incluso peor, buscando justificaciones a actos despreciables, con tal de mantener el cliente. La consecuencia es no poder ayudar objetivamente a esa persona, ya que, por mucho que se tape la verdad, al final acaba saliendo. De ahí que muchas depresiones y ansiedades duren como tratamiento, años, e incluso décadas, mitigando los efectos, oportunamente con fármacos.
    Otra evidencia es que en el léxico de estos psicologuillos, han desaparecido una serie de palabras como son: Honradez, lealtad, altruismo, justicia y verdad. En su lugar, abundan otras como, pirómano, cleptómano, sociópata, psicótico, neurótico. Es cierto que son definiciones profesionales, pero, también lo es, que representan a un enfermo, ¿es realmente un enfermo? o, ¿todo esto es el resultado de la codicia y estupidez de algunos malos profesionales?.
    Consideramos a un demente o psicótico como una persona enferma que no es capaz de discernir entre real e irreal, pero, cuál fue la causa que empujó a esta persona a ese extremo. En un caso particular podría haber sido la propia maldad. Una persona mala, tal y como todos lo entendemos, puede, en la vida disfrazar sus peculiaridades para tener menos problemas, engañando a los demás y es posible que esta persona no necesite nunca un psiquiatra, pues, en todo momento tiene conciencia de lo que hace y por qué lo hace. Peor le irá a esa otra que busca engañarse a sí misma. No se puede agredir con una mano y acariciar a la misma persona con la otra, sin que la propia psicología del individuo termine pagándolo. Esta manera de intentar engañar la conciencia no puede durar toda una vida, así que al final, la persona se derrumba, ya sea por neurosis, cefaleas, ansiedad, depresión y otras concomitantes. Aquí tenemos a esa persona que a fuerza de buscar justificaciones a sus malos actos, ha ido engrosando su propia subjetividad, hasta tal punto, que al unir una mentira con otra ha logrado un cúmulo tan inmenso de contradicciones que ya ni él mismo logra colocar. Esto hace que aparezcan lagunas en la memoria y otras que han sido reemplazadas por ficciones. Así que nos encontramos con una persona que por no querer ver su propia realidad, termina alterando su propia estabilidad mental. ¿Son realmente enfermos o verdugos?.

    Analicemos ahora un par de casos
    Un supuesto sociópata maltrata hasta matar a sus propios hijos. Los psiquiatras argumentan en su favor, que de pequeño sufrió malos tratos. Esta es la mayor prueba de la imbecilidad o codicia de estos malos profesionales. Sólo habría que preguntar a estos supuestos sociópatas o mal tratadores, si les gusto lo que hicieron con ellos, como dirán que no, sólo habría que añadir, porqué lo hacéis entonces con vuestros propios hijos. Tenga presente el lector que más que atenuante es un agravante. Si esto mismo hubiera sucedido con un sociópata, que hubiese tenido una buena infancia, con padres cariñosos y comprensivos, sí sería un caso atenuante, pues, quien no ha sufrido en sus propias carnes el dolor, es posible que haga daño sin comprenderlo en toda su profundidad. ¿Por qué entonces en el caso primero los tribunales lo consideran atenuante y en el segundo agravante.? Acaso los jueces también han perdido la razón, o es que todo lo malo de este mundo debe ser defendido.

    Transcendencia social
    Todo esto sucede por falta de claridad respecto a algo que los psicólogos llaman inconsciente, el cual han intentado definir lo más claro posible sin lograrlo. El inconsciente es conocido por los hombres de religión como espíritu y los filósofos, como psique. No es algo que se pueda demostrar de manera científica, pero sí de forma empírica, todos sabemos que hay algo en nosotros que no es solo lo que se ve en el espejo, nuestras emociones y sentimientos, junto a nuestro pensamiento. Al no haberse podido demostrar con claridad lo que es el inconsciente, muchos granujas se han apuntado a esta línea, para escurrirse y no terminar en la cárcel. Ahora y sin pretender entrar en detalles farragosos sobre lo inconsciente, voy a referirme a una incongruencia promovida por los psicólogos y psiquiatras. Según estos profesionales una persona puede inconscientemente hacer daño a otra. Por otra parte también dicen que debemos entender como consciente todo aquello relacionado con nuestros sentidos. Esta es la incongruencia, ya que para hacer daño a otra persona debemos utilizar nuestro cuerpo, dirigirlo con la finalidad de realizar una agresión. Lo inconsciente no puede utilizar lo consciente sin que nuestra memoria guarde recuerdo de ello. Quizá ahora estén pensado en el sonambulismo, pero, esta enfermedad se produce en un entorno conocido en el que además, si hay un objeto fuera del recuerdo del sonámbulo, termina colisionando, cayendo y haciéndose daño. Los casos de agresión o violación no pueden realizarse fuera del domicilio de uno, con premeditación, reduciendo a las víctimas y pretendiendo luego no guardar recuerdo de ello. Además, por el hecho de que la agresión fuera inconsciente, no supone un voto de inocencia. No somos dos personas, sino una, por lo tanto, debemos responsabilizarnos de nuestros actos y si no saben los psiquiatras como separar lo inconsciente de lo consciente en estas personas conflictivas, bueno, en ese caso habrá que meter en la cárcel las dos partes.
    El efecto de estos malos profesionales sobre la sociedad es un insulto a la Verdad y la Justicia. Tengamos presente, que la mayoría de estos supuestos enfermos, no van a presidio, pasan unos pocos años en un centro de salud mental y son restituidos a la sociedad. Dicho con otras palabras, resultaron dañinos para sus víctimas, luego, la sociedad asumió los gastos de manutención y reeducación en centros especializados.
    Todos los individuos que por una u otra razón hacen daño a los demás y se mienten a sí mismos, para verse bien frente al espejo, son considerados enfermos, por lo tanto, son inocentes de sus actos. Deben pensar que es como la gripe.
    Recordemos esos actores famosos con sus enormes cuentas bancarias, que roban en establecimientos. Se les denomina cleptómanos y de esta manera tan retorcida, excusamos a personas que roban, lo cual, ya está mal, pero aún es peor, si se roba a quien tiene menos. ¿Cuál es la verdadera definición de estos sujetos?
    Esos otros que provocan un incendio y disfrutan viendo quemarse en vida a personas y animales. Son simplemente pirómanos, pobres enfermos, o son otra cosa.
    Si justificamos a las personas que dan malos tratos por haberlos recibido ellos en su infancia, ¿acaso no estamos permitiendo su continuidad?. Cualquier conducta maligna o estúpida no debe ser justificada, pues, todo lo que se excusa, se perpetua.
    Hacer pasar la maldad por enfermedad es nefasto para la sociedad, ya que supone la exculpación de los propios actos, creando individuos irresponsables y dañinos.
    No decir la verdad por parte de los psicologuillos para no perder los clientes, es mantener una población de personas que sufren y no van a encontrar ayuda, salvo que den con el profesional adecuado. A esto hay que añadir que al excusar los malos actos de los demás, no sólo se perpetúan sino que aumentan.
    Ya hemos visto que individuos maltratados en su infancia, maltratan a su vez a sus propios hijos. Han sentido en sus propias carnes el rigor del castigo, no les ha gustado y por eso van y lo aplican a otros. Todo pirómano se ha quemado en alguna ocasión, ¿le gustó?, yo diría que no, entonces va y ese mal recuerdo que tiene del fuego se lo aplica a otros. Nuestra hipócrita sociedad nos dice que es un ladrón esa persona que roba una barra de pan, pero un cleptómano, un personaje famoso que roba cosas que no necesita. Considerar estos actos como enfermedades, carece de toda lógica, pues, si el supuesto enfermo no hubiera sentido el daño en su propia persona, podríamos considerarlo como falta de comprensión, pero, en este caso tenemos una persona que recibe un mal y en cuanto tiene oportunidad hace lo mismo a los demás. Si esto no es maldad, ¿qué será?.
    Esto respecto a casos graves que acaban en los Tribunales, pero, a diario oímos eso de que tal o cual persona ha obrado mal de manera inconsciente y en consecuencia, como si fuera un permiso su culpa queda diluida. Con una simple metáfora les voy a mostrar que esto es mentira, es un recurso de la mala gente para poder hacer daño y no pagar por ello.
    Los libros de autoayuda que tuvieron un gran auge en Estados Unidos, mantenían bajo los auspicios de psicólogos de renombre la postura de que todo problema interno se disuelve fácilmente si nos miramos en el espejo y nos decimos repetidas veces, lo maravillosos que somos. Es indudable que mintiéndonos no vamos a salir del agujero, pero, todavía fue peor, pues solo hay que insinuar que se puede crecer interiormente con un mínimo esfuerzo, para que las masas se apunten a ello y a fuerza de repetirse lo inteligentes y guapos que eran, lo único que lograron fue elevar su ego al cuadrado, crear megalómanos, gente soberbia con quien ya resultaba muy difícil tratar. Muchos de estos malos profesionales se hicieron ricos vendiendo ese tipo de libros.

    Adolfo Cabañero psicopedagogo
    http://www.eldespertar.info

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