De un tiempo para acá y quizá por casualidades de la vida, he sido consciente de la controversia que crea el tema de las creencias acerca de las denuncias falsas en violencia de género. He estado en contacto con varios grupos en diferentes redes sociales donde la recurrencia de este tema ocupaba casi el 80% de las conversaciones. Pero, ¿qué hay de verdad en el mito sobre las denuncias falsas?

denuncias-falsas-por-malos-tratos-psicología-jurídica-psicólogos-en-valencia

Distinción entre violencia de género y violencia doméstica

Para comenzar, debe quedar muy claro el concepto jurídico que contempla la violencia de género:

“Aquella violencia que se ejerce sobre las mujeres por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aún sin convivencia”

Artículo 1 de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

Para que esté clara la diferencia, hay otro concepto que puede conducir a error, y es el de violencia doméstica. Se entiende por Violencia Doméstica todo acto de violencia física o psicológica ejercido tanto por un hombre como por una mujer, sobre cualquiera de las personas enumeradas en el artículo 173.2 del Código Penal (descendientes, ascendientes, cónyuges, hermanos, etc.) a excepción de los casos específicos de violencia de género.

Mucha gente se preguntará por qué se cataloga de manera diferente la violencia que se ejerce de un marido hacia su mujer de la yo pueda ejercer a una persona desconocida, o a un amigo durante una discusión. Bien, no es lo mismo. Y este punto es, quizá, el punto que evitaría muchos debates.

Denuncias Falsas por Malos Tratos: Desigualdad jurídica

La violencia de género es un problema social. Esto significa que estadísticamente se encuentra que es un dato preocupante, que ocasiona un grave daño a la sociedad, y por eso ha de ser intervenido mediante diferentes estrategias políticas, judiciales y sociales. Según el Instituto Nacional de Estadística en un Informe presentado el 5 de diciembre de 2013, el total de número de personas inscritas en el Registro central de protección de víctimas de violencia doméstica y de género, bien como víctimas de violencia de género o bien como víctimas de violencia doméstica, fue de 36.641, de las cuales 33.738 fueron mujeres y 2.903 fueron hombres. Fíjense. 33.738 frente a menos de 3.000.  Este es el principal hecho que avala todo el sistema que se desata cuando aparece una denuncia de violencia de género: los datos indican que, dado que casi 34.000 mujeres han sido catalogadas como víctimas de violencia de género en años anteriores, se deben proteger.

Partiendo de la base de esta desigualdad ya evidente, me basaré en los pocos artículos científicos que se encuentran para debatir esta cuestión. Por ejemplo, tomando como referencia a Francisco Pérez Fernández y Beatriz Bernabé Cárdaba, de la Universidad Camilo José Cela (España), tres cuartas partes de las denuncias por violencia de género concluyen con medidas cautelares, es decir, se obtiene una Sentencia Condenatoria favorable a la mujer, o como lo explican en su artículo, que viene a indicar lo mismo pero subrayando la parte positiva hacia el hombre, “la cuarta parte de los hombres denunciados por violencia de género nunca son condenados” (Pérez del Valle, 2009). Así, de los 480.663 procedimientos abiertos contra varones desde la entrada en vigor de la Ley 1/2004 hasta el año 2008, 95.328 (un 19.83%) se sobreseyeron provisionalmente y nunca llegaron a juicio; 12.455 (2.59%) fueron absueltos tras los pertinentes juicios de faltas celebrados en los juzgados de violencia contra la mujer; 24.267 (5.04%) resultaron absueltos por los juzgados de lo penal y 87 (0.018%) fueron absueltos en las audiencias provinciales. En total, el 27.49% de los denunciados no resultaron condenados, en base al artículo citado anteriormente.

¿A qué se deben estos resultados?

Posteriormente, tal y como los compañeros señalan, no existen datos sobre cuáles fueron las causas de estos resultados, pero sí me atrevo a lanzar algunas de las causas más comunes que las mujeres explican, y que evidentemente sólo son alternativas y no las causas directas: la primera siempre es el MIEDO. Entiendo que para cualquier persona que no escuche día a día estas vivencias e historias personales de estas mujeres les sea soberanamente complicado entender cómo una persona puede sentir tal miedo sin saber escapar de la situación. Este es otro tema en el que hoy no entraremos, pero les invito a buscar literatura sobre ello. En este caso sí existen millones de artículos científicos que explican el origen y mantenimiento de la dinámica de la violencia de género. Como comentaba, el miedo es la principal causa de acogerse al derecho de no declarar en las etapas judiciales más iniciales, tales como los juicios rápidos, por ejemplo. La mayoría de mujeres tardan años en denunciar y, en otras ocasiones, se ven obligadas por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad o por los profesionales médicos que han visitado y han detectado esta problemática en ellas. Repito, no son todos los casos. En otras ocasiones, puede que simplemente consideren que llevar a cabo este proceso puede agravar su situación o incrementar la peligrosidad, así que deciden no declarar y el procedimiento queda sobreseído.

En otras ocasiones también se observa que la mujer se encuentra muy bloqueada ante el proceso judicial: sabe que las consecuencias son graves y presenta sentimientos contradictorios, tales como querer velar por su propia seguridad pero a la vez no querer perjudicar al presunto agresor. Por esta razón, los altos niveles de ansiedad que sufren les lleva a “quedarse en blanco” o no proporcionar todos los datos necesarios para que se pueda concluir con peso que realmente existe una problemática de violencia de género o que la mujer sufre tal miedo que es necesario implantar una medida cautelar. Lo que quiero decir es que, en otras ocasiones, las declaraciones son carentes de detalles, hecho que incapacita al Juez para tomar una decisión concluyente en beneficio de la mujer. Si no hay pruebas, no hay delito. Piensen, además, que los delitos de violencia de género son muy complicados de probar, a pesar de que las estadísticas juegan a favor de la mujer. Es complicado probar que una agresión física se ha dado si no hay u parte de lesiones, o que se han dado agresiones psicológicas continuadas si la mujer no lo expresa o presenta un psicólogo/ a perito que avale dicha afirmación.

Conclusiones

Como conclusión, me gustaría subrayar que, al igual que se denuncian robos, otras agresiones, o incluso delitos más graves de forma falsa, por supuesto existen mujeres que hacen un mal uso de la Ley 1/2004. Y no sólo esto provoca un daño para el hombre, si no también provoca un daño para las propias mujeres, si no, en este momento, no estaríamos cuestionando un hecho tan grave como una denuncia por malos tratos. Afortunadamente, y basándonos en las resoluciones judiciales como dato objetivo, las denuncias que no se condenan son un porcentaje muy inferior a la mitad (el 19%). De ellas, deberíamos discernir qué procesos se han sobreseído debido a que se consideran denuncias falsas, y qué procesos se han paralizado debido a que no existen pruebas suficientes para concluir con una Sentencia Condenatoria. Estaríamos cometiendo  un error lógico, entonces, si concluyéramos que todos aquellos casos en los que el presunto agresor queda absuelto implican que no son culpables de un delito de violencia de género.

Sandra Herreros

Psicología en Positivo

Servicio “Psicología Jurídica”