Belleza, joyas, coches, dinero, casas, excelentes puestos de trabajo, conquistas y ligues,… Hay personas que no paran de bombardearnos con ello, ya sea en los medios o en nuestra vida cotidiana.

Todas esas personas que tanto poseen (y se encargan que tú sepas que lo tienen) parecen llevar vidas de ensueño y que han nacido siendo estrellas. En cambio, te miras a ti mismo/a y ves que lo único que tienes de estrella es el “estrella-do/a”. ¿Qué tendrán ellos que yo no tenga? Te preguntarás. ¿Por qué a ellos les ha sonreído tanto la suerte y yo ni siquiera puedo mirarme en el espejo?

Antes de empezar a leer este artículo, pregúntate: ¿te has parado a pensar si realmente toda esa riqueza es real o no deja de ser una máscara que oculta otra realidad muy distinta?

Hablemos de la “falsa autoestima”.

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La Falsa Autoestima

Mucha gente piensa que todos se muestran tal y como son (para bien o para mal) o incluso nosotros mismos podemos considerar que reflejamos externamente lo que somos por dentro. Siento decirte que no todo lo que te rodea es verdad.

Probablemente no te descubra ninguna cosa que no sepas ya, pero quizá no te habías planteado hasta ahora algunas cuestiones porque nos solemos focalizar en lo “desgraciados” que somos, antes que poner en duda lo que otros alardean.

La falsa autoestima es un mecanismo de defensa o una protección que usamos consciente o inconscientemente para que no nos puedan hacer daño y para no parecer débiles frente a los demás.

Cuando una persona no tiene una alta autoestima, es decir, no se quiere, tenderá a obtener o ser algo que los demás quieran, de ese modo se sentirán deseados y queridos, de una forma superficial por supuesto, pero eso no les importa. Sin esa envidia o admiración, no tienen nada. Además, cuanto más repitan su mentira, esto le ayuda a reforzarlo, a creérselo más y no sentirse tan mal.

También se puede adoptar otra postura muy diferente, y es aparentar que no les importa nada y que se quieren (incluso llegando a ser exagerado). Si mostramos que nos “resbala” todo lo malo, no estaremos mostrándonos vulnerables, aunque por dentro nos morimos del dolor y del miedo a que nos hagan sufrir. Suelen utilizar la frase “no me importa”, pero en realidad sí le importa (y mucho).

Cuando una persona tiene una alta autoestima y “eso que tanto desean los demás”, no alardeará de ello, puesto que no necesita la aprobación de los otros para reforzar la visión que tiene de sí mismo.

En cambio, una persona con baja autoestima utiliza una máscara o una armadura, que hace que otros no puedan ver las debilidades que posee. Si los demás no ven lo débil que es, no podrán atacarle. Sin querer, aunque esas máscaras pueden ser puestas conscientemente al principio, acaban siendo parte de uno mismo con cada mentira o alardeo (con su correspondiente envidia o admiración por parte de los demás).

En general, las personas con baja autoestima que se enmascaran tras una imagen que no poseen, presentan los siguientes rasgos distintivos: sentimiento de superioridad, envidia por lo que son o tienen los demás, crueldad, prepotencia, no reconocen errores, no piden perdón cuando se equivocan, son criticones, alardean sobre ellos mismos, hacen promesas que no cumplirán, no se preocupan por el resto de personas, no se aceptan ni se valoran positivamente, no consiguen alcanzar la felicidad por más que se esfuerzan en ello, se sienten presionados y con ansiedad, temen que les descubran su verdadera identidad y, en ocasiones, presentan enfermedades psicosomáticas.

Se pueden poseer varias características o sólo algunas, pero no dejan de formar parte de una persona que oculta su verdadero “yo” tras algo que no es.

Las máscaras en la baja autoestima

Antes de que sigamos hablando de la falsa autoestima, Me gustaría que vieras este vídeo:

Podemos ver un mundo en el cual todos poseen una máscara e incluso la cambian según la gente con la que se rodean. Está claro que se trata de una hipérbole de la realidad, pues no todo el mundo se esconde tras una máscara o falsa fachada, pero sí hay parte de verdad.

Las máscaras son piezas que ocultan nuestro rostro y han sido usadas a lo largo de la historia para múltiples usos.

Se solían usar en rituales religiosos y sagrados para honrar a una deidad o en los antiguos teatros de Grecia y Roma para representar los diferentes personajes de las obras (¿Sabías que las mujeres no podían actuar y eran interpretadas por hombres con caretas?).

Las máscaras se siguen utilizando para un sinfín de actividades lúdicas y como protección para aquellas situaciones en las que corren peligro nuestras facciones, pero hemos llegado a extrapolar su utilidad material hasta convertirla en una parte de nosotros mismos.

Si has leído el libro “El caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher (y si no, te lo recomiendo), habrás recordado el dilema del protagonista: tanto abusó de su armadura que cuando intentó quitársela comprobó que esta se había oxidado y le era imposible hacerlo (y no te cuento más, por si eres una de las personas que no han tenido el placer de leerlo).

Al final ocurre lo mismo con la imagen que queremos dar de nosotros mismos: cuanto más usemos esa falsa apariencia, más cómodos estaremos con ella y más complicado será deshacernos de ella el día que de verdad queramos hacerlo, cosa por la que sufriremos todavía más.

Tipos de máscaras para la baja autoestima

Como nos decía el escritor irlandés Oscar Wilde: “Una máscara nos dice más que una cara”, y no se equivocaba.

También tenemos un refrán muy nuestro que reza: “dime de lo que presumes y te diré de qué careces”. Todo apunta al mismo lugar y es que toda persona que vea un hueco en su vida intentará rellenarlo con doble dosis de lo mismo.

Podemos encontrar diferentes tapaderas para ocultar vulnerabilidad, entre ellas: belleza, éxitos profesionales, economía y posesiones, narcisismo o éxito en ligues.

1. La belleza:

Tenemos que tener algo muy claro: la baja autoestima no discrimina entre personas “guapas” y personas “feas”.

Puede que no llegues a comprender cómo una persona bella o con buen físico pueda tener una baja autoestima, pero es así. Existe.

Suelen ser personas a las que le han inculcado o han interiorizado por experiencias en su vida, que la apariencia lo es todo. El problema reside que, aunque lo intentan alcanzar, nunca suele ser suficiente.

Siempre sentirán la necesidad de ir perfectamente maquillados/as o vestidos/as y si se les hace algún tipo de cumplido, lo achacarán interiormente a los “arreglos” o “mejoras” que hacen el maquillaje y la ropa sobre ellos, nunca por que posean esa belleza de forma natural.

Piensan que si les descubrieran tal y como son, defraudarían a los de su entorno, por lo que viven con gran presión el ser y estar siempre perfectos. A veces, llegarán a rozar el exceso (cirugías estéticas exageradas y constantes, abundante maquillaje, vestimentas caras o extravagantes,…).

El tema de la cirugía estética es más latente a medida que la persona envejece y, al no aceptar este cambio del tiempo, la persona recurre contantemente a clínicas estéticas sin sopesar los posibles riesgos de las intervenciones o tratamientos. De hecho, esta sensación de agobio por envejecer estará latente pese a los procesos estéticos que se realice. De nuevo, nunca será bastante y al poco tiempo volverá a verse mal y caerá en una espiral de tratamientos.

Por más que les digan lo perfectos/as que son, siempre sentirán esa inseguridad y jamás sus esfuerzos serán suficientes.

2. Éxitos profesionales:

Desde pequeños nos educan en la necesidad de estudiar para tener un buen puesto de trabajo en el futuro. La controversia se ensalza cuando se inculca que tenerlo es necesario para ser feliz, por lo que esa persona no parará hasta alcanzarlo y después sufrirá por mantenerlo.

Ese tipo de personas viven por y para su trabajo, descuidando todo lo demás: familia, amigos, ocio,… y por supuesto, a ellos mismos. A pesar de no tener tiempo libre, no les importa, pues es el trabajo lo que les da su identidad.

Estas personas necesitan sentirse “alguien” en la vida y sólo conciben serlo mediante su trabajo. Alardearán de su buen empleo siempre que puedan e intentarán provocar en ellos mismos la sensación de superioridad (pero suelen ser personas con un gran complejo de inferioridad).

Una persona con una buena autoestima, que tenga un buen puesto de trabajo, no necesitará alardear o sentirse superior al resto, además tampoco se aprovechará de su éxito.

En cambio, una persona con baja autoestima, tener un buen trabajo les proporciona un salvavidas, un fin por el que seguir viviendo, escudándose en este para no enfrentarse a sus debilidades.

3. Economía y posesiones:

La falsa autoestima se manifiesta en este caso con la idea de que el dinero y las posesiones dan la felicidad y es necesario para obtener admiración y respeto por parte de los demás mediante esto.

Suelen presumir sobre sus posesiones y compran constantemente ropa u objetos que le hagan estar “a la última”. Necesitarán tener lo más nuevo y lo mejor del mercado.

Les importa, como al resto de autoestimas enmascaradas, lo que piensan y la opinión que tiene los demás sobre ellos, pues es lo que le hace confirmar su identidad.

Se agarrarán a todo tipo de cosas externas que le enriquezcan frente a los ojos de los otros: trabajo, dinero, casas, bienes, objetos, coches, tecnología, etc.

De nuevo, una persona con alta autoestima que posea dinero y bienes, no tendrá la necesidad de contar con lo novedoso o lo más caro, tampoco presumirán de ello en caso de tenerlo y vivirán su vida con humildad disfrutando de lo que tienen (¿has visto alguna vez cómo vive Mark Zuckerberg, creador de facebook?).

Cuando una persona que ha sido educada en esta creencia o necesidad, podrá correr riesgos para alcanzar tener la vida que cree que debería tener: deudas, créditos, hipotecas, préstamos,… Gastarán más dinero del que poseen y si no pueden pagarlo, urdirán la forma de conseguirlo, cueste lo que cueste.

En caso de que le sea a veces complicado acceder a esos objetos ansiados, recurrirá a objetos prestados, alquileres de coches y ropa y engaños y mentiras, para aparentar una vida que no puede costearse, lo que le provocará mayor ansiedad y presión día tras día.

4. Narcisismo:

No se trata de un narcisismo patológico (Trastorno de Personalidad Narcisista), sino que se trata de un falso narcisismo, pues la persona realmente no se quiere y se esfuerza en parecer que lo hace.

Son personas que hinchan su ego, que intentan crearse una identidad o una imagen para la sociedad, aunque no termina de sentir ese egoísmo o superioridad que posee el narcisista real (aunque sí lo reflejan).

Normalmente adoptarán una postura de “no me importa nada ni nadie”, pero sí que les afecta lo que los demás puedan pensar o decir de ellos.

No es consciente de este ensalzamiento, pero se muestran crueles: si se sitúan por encima de los demás, nadie notará su falta de autoestima real.

5. Inestabilidad amorosa/ éxitos en ligues:

Este tipo de personas temen y se muestran inseguros frente a cualquier muestra de compromiso.

Muchos buscarán una pareja “alfa” para entregarse y dejarse llevar por esta, pues eluden las responsabilidades y dejan que el otro sea el que lleve la voz cantante.

En cambio, otros alardearán de ser unos rompecorazones, pero no se comprometen con nadie por miedo a ser dañados o los dejarán cuando perciba que vayan a ser dejados.

Sea de cualquiera de las dos formas, se tratan de personas muy inseguras y que han vivido en su entorno o por experiencia propia un episodio de abandono en el que sufrieron en gran medida. Por esto, aunque desean mantener una relación, llegado a cierto punto sus alarmas se disparan, creen que van a revivir esa mala experiencia y huyen de tal situación.

¿Por qué la falsa autoestima no nos va a hacer felices?

  • Vivimos una mentira.

Primeramente tendremos que comprender que todo aquello que nos ponemos y no nos pertenece hace que estemos reforzando una mentira. Nunca alguien podrá vivir feliz de una mentira, porque antes o después esta se vuelve en contra. Además, siempre se vivirá con la presión de mantener esa imagen y con el miedo a ser descubiertos.

  • No dejamos a los otros que nos conozcan de verdad.

Aunque las máscaras que nos ponemos nos protegen de los demás, también nos alejan de ellos. Puede que nos salven de vivir algunas malas experiencias, pero nos imposibilitan acceder a las buenas del mismo modo. Cuando deseemos ser sinceros con alguien, nos será muy difícil desprendernos de esa coraza porque nunca lo hemos hecho y nos frustraremos por ello.

  • Dejamos que gane el miedo.

Si dejamos que la máscara esté presente en nuestro día a día, estaremos reforzando el miedo por el que nos la pusimos. De esta forma, nunca podremos hacerle frente y siempre huiremos y lo evitaremos tras nuestra mentira, por lo que nunca se irá. A los miedos no se les ataca por la espalda, sino de frente y sin corazas ni armaduras.

  • Perdemos oportunidades.

Con cada momento en el que anteponemos una máscara a nuestro “yo real”, estamos perdiendo la oportunidad de conocer personas o poder acceder a experiencias que nos enriquecerían como trabajador, amigo, pareja, persona,…

  • Los demás también usarán máscaras.

Si fomentamos nuestras máscaras, estaremos enseñando a las generaciones más jóvenes que también lo hagan, de este modo nunca podremos erradicarlas.

Del mismo modo, pocas veces conseguiremos que los demás nos traten con sinceridad y confianza, pues nosotros mismos rechazamos utilizarla. Poner máscaras en una relación del tipo que sea, incitará a otros a usar otras con nosotros.

Como podrás observar, una máscara puede hacernos sentir como otras personas, pero la única que nos hará realmente felices es la que utilizamos en Halloween.

Sé tú mismo/a.

María Cartagena

Psicología en Positivo

Servicio “Autoestima-te”